Asustada, insegura, sin saber qué hacer, casi llorando, mirando al cielo, buscando respuestas y un “porqué” (aunque ahora preferiría haber buscado un “para qué”).

Enero 2012: Mi recorrido hasta el momento había sido vasto. Dominicana de nacimiento y catalana de corazón. Crecí en la ciudad condal hasta mi mayoría de edad, volví a la República Dominicana en búsqueda de mis orígenes. Quería saber quién era más allá de mis ojos rasgados, mi pelo fuerte y mis curvas pronunciadas. Quería entender, más si cabe, el sentir de un pueblo , que iba proporcionalmente ligado, a mi manera de ver las cosas.

Después de buscarme, perderme y encontrarme en República Dominicana, un día de Enero decidí que mi periodo allí había llegado a su fin. Pues a lo largo de esos maravillosos 4 años había obtenido la suficiente información existencial como para querer continuar mi camino. La niña un tanto rebelde volvía a casa convertida en una joven-adulta. Esta vez, en búsqueda de más estabilidad, aún sabiendo que las cosas no estaban como las había dejado, pues una crisis azotaba Barcelona.

¿Qué hace Massiel con un título universitario extranjero, con el sentimiento de ser de nuevo inmigrante en su propia ciudad y con un panorama laboral poco favorable?

Si algo me caracteriza es la determinación y yo había vuelto para quedarme. Aunque después de 4 años fuera, volver a empezar no fue tarea fácil, 7000KM de distancia y todo ese tiempo de por medio dan para muchos cambios en tu gente y en tu persona.

Con el viento soplando no precisamente a mi favor estaba decidida a salir adelante. Los consejos y el apoyo de mi familia y amigos me llevaron a encontrar la mejor respuesta:

“El truco de esperar consiste en hacer algo mientras tanto”.

¿Alemán? ¿Italiano? ¿Francés? Siempre me han gustado los idiomas, podría decir que son una de mis pasiones, hablar con gente de culturas diferentes y aprender de toda su riqueza, pues la cultura es lo que nos hace en gran parte ricos! Mientras llegaba el momento de encontrar un buen empleo, había decidido que la mejor manera de esperar era irme de viaje a conocer otra cultura y de paso aprender otro idioma.

Valiente, lanzada y a la vez con la confianza de que todo saldría bien, había decidido emprender mi camino en 2012 a la Suiza francófona. Sobre la experiencia, no entraré en detalles, sólo diré que me sirvió para ver mi gran capacidad de resiliencia, adaptabilidad y fortaleza. Esos valores fueron los que me ayudaron a seguir adelante. Fue entonces cuando entendí que si había sido capaz de vivir en los Alpes a -15º, sería capaz de lograr cualquier meta que me propusiera.

Asustada, insegura, sin saber qué hacer, casi llorando, mirando al cielo, buscando respuestas y un “porqué” (aunque ahora preferiría haber buscado un “para qué”).

Así me encontraba en 2014, tocando puertas, mandando e-mails, hablando con este o aquel contacto. Durante un tiempo trabajé en la empresa familiar, pero aquello no era lo mío, sabía que trabajar en una empresa que me permitiera mantener armonía entre mi vida personal y profesional era mi objetivo a corto plazo.

Tenía dudas sobre si debía cursar un máster o seguir trabajando. Pero hay tanta gente que hace un máster después de la universidad, que me preguntaba ¿y la experiencia pa’ cuándo? Es por eso que llegué a tocar las puertas de un gran amigo:

Jota, ¿podrías asesorarme? ¿Qué crees que puedo hacer? ¿Estudio otra carrera? En apenas unos minutos, sus palabras habían logrado calmarme y su sabiduría me hizo entender que estaba en el camino correcto:

–No Massi, no necesitas otra carrera, no Massi tu ya estás bien preparada, mira Massi tienes LinkedIn? Pues eso es el futuro, hazte uno. ¿Puedes enviarme tu CV para ver cómo puedo ayudarte?

Uff! Por fin había una luz al final del camino! por fin alguien que veía mis capacidades, por fin un mentor, lo que tantas veces había pedido al destino.

Mi mentor no sólo me ayudó a conseguir entrevistas de trabajo sinó que también me enseñó a encontrar el lado positivo de las oportunidades que me daba la vida. Allí donde hubo tristeza y desesperación hoy había luz! ¿Qué inspirador eh?

Qué agradable poder ayudar a alguien en su crecimiento personal, sin esperar nada a cambio. Poder disfrutar con la alegría de ver a esa persona conquistar nuevos retos, siendo siempre fiel a él/ella mismo. Entendí que mi mentor era una de esas personas que iluminan, y yo quería ser como él, ya lo había decidido:

¡Quiero ser luz! Yo también quiero ayudar a un/a amigo/a. Yo también quiero poner un granito de arena en que mis allegados mejoren su situación.

Lo digo sin ningún ánimo de crítica, pues hacen una gran labor! A veces veo personas que se van de ayuda humanitaria a países que están al otro lado del mundo, pero olvidan que tienen una amiga en el paro, un primo con depresión o un padre con ansiedad.

Yo apuesto por iluminar a las personas que me rodean. Hay mil maneras de alegrarle el día a alguien o de mostrar apoyo (si eso es lo que la persona necesita). Por ejemplo: Ir a comer un día junt@s, ir al parque, escucharle, ir a tomar unas birras, ayudarle a mejorar su CV, recomendarle una academia, poner en contacto a amigos con la misma pasión o la misma idea de negocio. Ceder el sitio a una persona mayor en el metro o ayudar a alguien a cruzar la calle.

Yo amigos míos, quiero ser luz, elijo ser luz en el camino, pues ya hay suficiente niebla como para querer seguir opacando, este hermoso lugar llamado mundo.

Por eso os invitado a todos: Sed Luz

#serluz #inspira #ayuda #giveback #positiva #positivo

Massi